¿El Mejor Película o la Mejor Narrativa? Deconstruyendo el Premio Óscar a la Mejor Película

February 27, 2026

¿El Mejor Película o la Mejor Narrativa? Deconstruyendo el Premio Óscar a la Mejor Película

¿Realmente es así?

La ceremonia de los Óscar, y en particular la categoría de Mejor Película, se presenta como el pináculo del reconocimiento cinematográfico, un veredicto definitivo de excelencia. Pero, ¿qué sucede si comenzamos a cuestionar esta premisa fundamental? La narrativa dominante nos pide que creamos que un grupo de aproximadamente 10,000 miembros de la Academia, compuesto en su mayoría por profesionales de la industria con perfiles demográficos específicos y concentrados en Los Ángeles, es capaz de emitir un juicio objetivo y universal sobre lo "mejor". Este es el primer y más grande acto de fe que se nos solicita.

Analicemos la lógica: se nos dice que el proceso es democrático y justo. Sin embargo, la historia reciente está plagada de omisiones flagrantes y elecciones seguras. ¿Dónde estaban las nominaciones para obras maestras del cine internacional o del cine independiente de bajo presupuesto antes de que la Academia expandiera la lista de nominadas? La lógica se resquebraja cuando observamos que las campañas de marketing, los "screenings" privados con regalos y el gasto en publicidad, que pueden superar los 20 millones de dólares para un solo filme, tienen un peso descomunal. Se vota por lo que se ha visto, y se ve más aquello que tiene una máquina de promoción multimillonaria detrás. ¿Estamos premiando la excelencia artística o la eficacia de una campaña de relaciones públicas? La contradicción entre el ideal artístico y la realidad comercial es demasiado grande para ignorarla.

Tomemos un caso concreto: el año en que "Green Book" ganó sobre "Roma". Mientras una era una película íntima y visualmente innovadora sobre la vida doméstica en México, la otra era una fábula sobre la armonía racial que muchos críticos tacharon de simplista y retrograde. El veredicto de la Academia pareció privilegiar una narrativa reconfortante y familiar para su electorado sobre una exploración artística más arriesgada. Este no es un incidente aislado; es un patrón. Películas que desafían formalmente o tematizan de manera incómoda suelen ser finalistas, pero rara vez triunfan. El premio parece recompensar no tanto la innovación, sino la maestría dentro de un marco narrativo y técnico predecible y aceptable para la industria.

Otra posibilidad

¿Y si el premio a la Mejor Película no mide la calidad absoluta, sino algo completamente distinto? Una posibilidad es que sea un termómetro del estado de ánimo y de la autopercepción de la industria de Hollywood en un momento dado. Las victorias de "Nomadland" o "Moonlight" podrían leerse menos como juicios estéticos y más como correcciones simbólicas, intentos de la Academia de proyectar una imagen de progresismo, diversidad y relevancia cultural ante las críticas de ser un club cerrado y desconectado.

Otra posibilidad, más pragmática, es entender el Óscar como el punto culminante de un complejo proceso industrial. Es el "cómo se hace" lo que a menudo determina el resultado. El método práctico para "ganar" un Óscar implica: 1) Un lanzamiento estratégico en el tiempo (normalmente en el último trimestre del año). 2) Una campaña de "concientización" que eduque a los votantes sobre los méritos "importantes" de la película (temas sociales, hazañas técnicas). 3) La movilización de un discurso en los medios que enmarque la película como "la que debe ganar". En este marco, la película no es un objeto de arte, sino un producto en un ciclo de premios. La alternativa a creer en el veredicto sagrado es verlo como la consecuencia predecible de una serie de pasos metodológicos y gastos de capital.

Para el espectador principiante, piense en esto no como la Copa del Mundo del cine, donde el mejor equipo gana en el campo, sino como las elecciones presidenciales de una nación pequeña pero muy mediática. La campaña, los intereses creados, la demografía del electorado y el mensaje que se quiere enviar al mundo son tan cruciales, o más, que el producto en sí. El primer paso para un pensamiento independiente es desvincular el concepto de "mejor" del trofeo dorado. Explore el cine por fuera de la lista de ganadores del Óscar. Busque premios de críticos, festivales internacionales como Cannes o Berlín, y las listas de cineastas que admira. Compare "La Mejor Película" del año según la Academia con la ganadora de la Palma de Oro o con una película aclamada de Corea del Sur, Argentina o Senegal. Forme su propio criterio.

Mantener un tono cauteloso es esencial. El riesgo de aceptar el premio Óscar como un árbitro definitivo es la homogenización del gusto y la invisibilización de voces que no pueden o no quieren jugar ese juego industrial específico. La próxima vez que se anuncie el ganador, en lugar de aceptarlo como un hecho, obsérvelo con vigilancia: pregúntese qué narrativa está premiando Hollywood sobre sí mismo ese año, qué campaña fue más efectiva y, sobre todo, qué grandes películas ni siquiera llegaron a la conversación. Su juicio personal es el único premio que no tiene sesgos de votación ni intereses de marketing.

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