El eco de una presidencia: Encontrando a Clinton en las calles de Montevideo
El eco de una presidencia: Encontrando a Clinton en las calles de Montevideo
Destino impresión
Montevideo no grita; susurra. Llegué a la capital uruguaya esperando el bullicio típico sudamericano, pero me encontré con una ciudad de ritmo contemplativo, donde el murmullo del Río de la Plata parece dictar el tempo. Fue en esta atmósfera serena, entre el aroma a mate y el sonido lejano del candombe, donde me topé, de la manera más inesperada, con el fantasma político de William Jefferson Clinton. No era el hombre, claro está, sino su eco: una referencia persistente en conversaciones de café, un punto de comparación en análisis políticos de la prensa local, e incluso una foto descolorida en la pared de un viejo restaurante del Mercado del Puerto, junto a la parrilla humeante. En Uruguay, un país que mastica la política como quien toma mate —lento, reflexivo y con cierto amargor elegante—, la figura del expresidente estadounidense aparece como un símbolo de una era global específica, un recordatorio de cuando la política internacional aún tenía, para algunos, un barniz de carisma descomplicado.
Viaje historia
La anécdota más graciosa —o surrealista— ocurrió en Pocitos, frente a la playa. En un kiosco de revistas viejas, entre ejemplares de Búsqueda y Brecha, encontré una edición de 1997 de un semanario uruguayo. La portada rezaba: "Clinton y Sanguinetti: ¿El mismo corte de traje?". El artículo, con una solemnidad hilarante, analizaba no las políticas, sino el estilo sartorial de ambos presidentes, concluyendo que el uruguayo Julio María Sanguinetti llevaba el doblez de la manga ligeramente más pulcro. El dueño del kiosco, un señor de bigote gris llamado Don Héctor, me vio reír. "Ah, los noventa," dijo, encendiendo un cigarrillo con calma. "Todo el mundo miraba para el Norte. Ahora," añadió con una sonrisa pícara, "ellos también vienen a mirarnos a nosotros a veces. El mundo da vueltas, como la rueda de un ómnibus viejo." Esa tarde, en una charla con estudiantes de Ciencias Políticas en la Universidad de la República, el nombre de Clinton surgió de nuevo, esta vez como ejemplo de "la personalización extrema de la política moderna", un concepto que debatían con la pasión típica del Río de la Plata. Para ellos, era menos un personaje histórico y más una metáfora útil, un meme antes de los memes.
Guía práctica
¿Cómo rastrear estas huellas culturales intangibles en Montevideo? He aquí una guía para el cazador de ecos políticos: 1. Prensa y Cafés: Comienza tu día en el Café Brasilero en la Ciudad Vieja. Pide un cortado y hojea los diarios El País o El Observador. La sección de opinión internacional es donde a menudo resuenan estas comparaciones históricas. 2. Mercado del Puerto: No solo es para comer la mejor carne. Observa las paredes de los restaurantes como El Palenque. Las fotos con figuras internacionales son un testimonio silencioso de la apertura uruguaya al mundo. 3. Charlas Universitarias: La Facultad de Ciencias Sociales (FCS-UdelaR) suele tener foros abiertos. Es el lugar perfecto para entender cómo se procesan globalmente las figuras foráneas. 4. Librerías de Viejo: En la calle Juan Carlos Gómez, las librerías de segunda mano son minas de revistas y análisis de época. Pregunta por "material de los 90". La reacción del vendedor ya será toda una experiencia cultural. Consejo esencial: No busques monumentos a Clinton; no los hay. El viaje aquí es auditivo e intelectual. Agudiza el oído en las conversaciones, en los análisis de la radio (como el programa En Perspectiva), y en los debates tranquilos en las plazas. La política, en Uruguay, es un deporte de observación y discusión, no de fanatismo. Llevar una botella de agua y una mente curiosa es el equipaje más importante. Y recuerda: a veces, la historia global se entiende mejor no en los escenarios principales, sino en los comentarios laterales de un kiosco de barrio, donde un expresidente puede ser reducido, con cariño y humor, a un simple "corte de traje".